La Paloma de Galápagos es conocida por su curiosidad. Los primeros marineros que llegaron a las Galápagos notaron que estas palomas nativas se posaban en sus sombreros, cabezas o hombros. Lamentablemente, esta naturaleza amistosa las convirtió en un blanco fácil como fuente de alimento para los marineros y los primeros colonos.
Afortunadamente, la Paloma de Galápagos pronto se volvió más cautelosa con los humanos. Sin embargo, aún es común que una o más de estas encantadoras aves te sigan de cerca durante una excursión. Se pueden identificar por su base de color marrón rojizo con marcas negras y blancas, destellos de verde brillante, patas rojas y un anillo azul brillante alrededor de sus ojos. Se encuentran con mayor frecuencia en el suelo en lugar de volando, ya que prefieren permanecer en tierra, donde se alimentan principalmente de semillas y pequeños frutos.
Como muchas especies nativas de las Galápagos, la Paloma de Galápagos ofrece una visión fascinante de las maravillas de la evolución. Prefiere las regiones áridas de las islas donde crece el cactus Opuntia. Allí, la paloma ha asumido el rol de polinizadora. En islas como Genovesa, donde hay pocas abejas, las espinas del cactus se han suavizado con el tiempo, permitiendo que la paloma polinice las plantas, coma sus frutos y ayude a dispersar las semillas.
Las palomas construyen sus nidos en el suelo y tienen un comportamiento intrigante: si un depredador se acerca demasiado, fingen estar heridas. Esta táctica busca atraer al depredador, haciéndole pensar que ha encontrado una presa fácil en forma de un ave "herida".
Aunque la población de la Paloma de Galápagos no se considera actualmente en peligro, la introducción de gatos en las islas representa una amenaza significativa para ellas.